Lo sé, suena trillado. Pero esta es mi experiencia en la nueva GMC Acadia.
Hoy fue un
mal día, no puedo negarlo. De esos en los que te truena tu novio, de camino al
trabajo te le cierras a un super gandalla que te viene molestando en la calle,
miles de manifestantes te cerraron el paso a tu trabajo porque ellos vienen a
exigir algo (ni ellos saben qué es), sales de una junta y entras a otra, te
peleas con tu jefe… y tú, como hoja que lleva el viento, no sabes ni qué.
En el mejor
de los casos sales a caminar y dejas que el aire frío de la noche, húmeda y
oscura, acaricien tus penas mientras intentas comprender qué rayos pasó en tú
día.
Pero para
mí, una petrolhead de hueso colorado, amante de una buena plática sobre autos y
las películas de terror, la mejor terapia es recorrer las calles de la ciudad.
Lo hubiera
hecho en mi roñita adorada que tantas aventuras me ha dado, pero se quedó
encerrada en la Esquina de la Información con una decena de campesinos cuidado
que nadie entre (ni salga) de ese edificio.
Así que
aproveché que nadie quería ir a rescatar la GMC Acadia de un estacionamiento
lejano y despoblado y ponerle gasolina, para darle un poco de diversión a mi
día a bordo de algo distinto.
A pesar de
la oscuridad del terreno baldío, la Acadia se veía
imponente. Su parilla metálica líneas horizontales y su musculosa carrocería,
con unos tonos en color vino, se alcanzaban a distinguir en la lejanía.
Era lo
único. Los detalles se perdían en las sombras, igual que los recuerdos de un
día tormentoso.
Creí que mi
viaje de regreso a casa sería igual… pero al entrar me recibió un cómodo
asiento de piel con ajustes electrónicos de altura y soporte lumbar, para que
me sintiera como si fuera en un reposet (hasta calefacción para estos días en
los que no te calienta ni el Sol).
Vinculé mi
celular vía bluetooth y luego lo conecté al puerto USB para cargarlo…
sorpresivamente se asoció a través de Car Play y, ahora sí, era momento de
hacer unas cuentas llamadas más para terminar el día al mismo tiempo que me
dirigía a la gasolinera.
Pensé en
pisar el acelerador a todo lo que daba, pero el anunció de autonomía limitada
me detuvo y preferí ver qué tan confortable y espaciosa era.
Me acomodé,
pise suavemente el acelerador y, voilá, de repente fui la reina de Artículo
123, y no porque llevara una camioneta de 774 mil 900 pesos, si no porque a
bordo de “mi troca” me sentí aislada del mundo exterior.
La
insonorización te hace olvidarte del bullicio de la ciudad, la suspensión hace
que los peores baches del centro de la Ciudad de México sean como subidas y
bajadas en un juego mecánico para niños pequeños, el volante (forrado en piel)
es cómodo y hasta pude hacerme un poco de masaje con las costuras.
Ese
recibimiento hizo que dejara de pensar en las capacidades de su propulsor (V6 3.6 litros 288 hp 270
lb-pie). ¿Pa’ qué? Seguro ha de andar muy bien, pero el objetivo aquí era
consentirme.
Con el
Apple Car Play instalado y mi lista de reproducción para días difíciles elegí
el camino más largo.
Quería dejar de pensar así que subí el
volumen de la música, tal alto que me hiciera sentir en Tomorrowland (el
festival más grande e importante de música electrónica).
A pesar del
volumen y las notas graves constantes, el sonido Bose (de alto desempeño, con
sonido surround 5.1 y un subwoofer) logró hacer que mi corazón se emocionara y
palpitara al ritmo de música que es un himno de batalla para mí.
No sé en
qué momento de la emoción de estar en un lugar tan cómodo, privado y ambulante
me hizo corear las letras a todo pulmón.
Pero tanta
distracción me hizo pensar que en exprimir al máximo los atributos
de seguridad de esta camioneta.
Puse el
control de crucero a 45 km/h
para evitar cualquier multa y accioné el asistente contra impacto frontal para que se mantuviera lo más lejos posible de cualquier objeto al frente.
Así
la camioneta aceleraba hasta alcanzar la velocidad máxima y en caso de que el
auto de enfrente frenara, ella lo haría también.
Aunque
siempre estuve al pendiente (porque no me confío de la tecnología por más
segura que sea) pude manejar más relajada y (algo que nunca hago) a una
velocidad contenida, tranquila, disfrutando de mí momento.
Y lo mejor, seguí
cantando y moviéndole al ritmo de la música, exorcizando todos mis demonios.
Nunca creí
que un viaje así pudiera hacerme sonreír, pero subirme a la Acadia fue como
estar en un oasis en medio del desierto. Fue como el cálido abrazo de la
familia cuando sabe que tuviste un tropiezo. Fue un: Gracias. Nos vemos mañana
mundo.
Aquí mi playlist para esos días oscuros
Reality
(John Dahlbäck Remix) - Lost Frecuencies feat. Janieck Devy
(Ni modo, de alguna forma te tienes que dar cuenta que la
regaste)
Sun is Shining – Axwell Ingrosso
(Ya te resignaste, ahora sonríe :D)
Warriors –
Nicky Romero vs. Volt & State
(Estamos aquí para luchar para sobrevivir y no darnos por
vencidos ¿qué no?)
(Las power songs que van al final)
How we do –
Hardwell & Showtek
(Así es como lo hacemos y qué)
Get Ready –
2 Unlimited, Steve Aoki Extended
(Un poco de tu pasado retocado con el estilo del amo del
show en vivo para cerrar el día y prepararte para el siguiente)




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