A veces me
pregunto ¿por qué la gente se ha vuelto tan egoísta? Viendo para ellos mismos, buscando
cómo sacar más provecho de las situaciones, aprovechándose de la gente honesta
e inocente para poder ellos ser exitosos en la vida.
No
comprendo cuán injusta es la vida en este mundo capitalista, donde el dinero es
lo que importa y los valores y el corazón son sólo conceptos que se van
diluyendo en la corrupción del poder, en el hedonismo y los excesos.
Llevo 25
años tratando de comprender por qué la gente que menos tiene es la gente que más
da, un cuarto de siglo intentando cambiar la mentalidad de este mundo que cada
vez se sume más en la banalidad, un mundo que no le importa ser feliz para ser
mejor, sino tener más para ser feliz porque eso te hace mejor que el que tiene
que levantarse a las cinco de la mañana a ejercer un oficio que resulta
insignificante para la sociedad urbana porque “es algo que siempre tiene que
estar así”.
Tampoco puedo
entender cuan injusta es la vida que le dio tanta caridad y entendimiento a
unos e hizo miserablemente ricos a otros. Tampoco me cabe en la cabeza por qué
la gente prefiere pisotearte para que te unas al pantano de su vida y así ambos
puedan luchar por ver quién es el más putrefacto.
¿Dónde quedó
el amor? ¿Dónde quedó la pureza del corazón, la satisfacción de ayudar a alguien sin recibir nada a cambio? ¿Dónde
está la nobleza del corazón, la inocencia del niño, la sonrisa pura de un alma alegre?
¿Por qué el mundo tiene que ser un toma y daka donde todos nos sumimos en un
infierno de tristeza?
Jesús no
estuvo equivocado al decir: “Dejad que los niños se acerquen a mí porque de los
que son como ellos será el reino de los cielos”, porque de la sinceridad del
corazón, del desinterés por lo material provienen los sentimientos más puros y
la paz con uno mismo. Ellos no tienen de qué preocuparse, son felices, pueden
ir por la vida cantando, bailando, hablando solos, y no les importa que alguien
más los critique, ellos hacen lo que nace de su corazón. Luego crecen y olvidan
todo para entrar en la cotidianeidad donde olvidan quiénes son, dónde están y
su meta en la vida.
No puedo
entender porqué la gente evita ver las estrellas, no quiere mirar a los demás,
se encierran en un mundo individual a través de las tecnologías, creen que
socializan en las redes y creen tener amigos, pero van por la vida sin sonreír.
Las marcas de su cara son duras, gestos de enojo y defensiva, una mueca por
sonrisa que sólo deja ver el sufrimiento interior.
¿Por qué
quejarse de la marcha cuando puedes crear mundos paralelos con lo que está a tu
alrededor? ¿Por qué seguir un protocolo de comportamiento si una canción podría
alegrar un alma perdida? ¿Por qué dejar de sonreír para iluminar un día
nublado?
La rutina y
las reglas sociales nos hacen alejarnos de la belleza de la naturaleza, la
destrucción del hombre para crear un ambiente “controlado” con lo “necesario”
para una vida “civilizada” nos ha hecho olvidar que allá arriba existen macro
mundos desconocidos y abajo, en el piso que a diario pisamos hay un micro
mundo, con organismos que también tienen una historia, olvidada por la gente
que sólo puede ver a cinco centímetros de su nariz.
Viviendo mi
sufrimiento en esta noche hermosa, en la que me di cuenta que la vida me ha
dado todo, me doy cuenta que la capacidad de asombro del ser humano se va
haciendo cada vez más pequeña conforme crece y que el miedo a vivir y aprender
cosas es directamente proporcional a los años cronológicos de cada ser. La pregunta
sigue siendo la misma ¿por qué?
¿Por qué
una persona de la sierra puede dejar de comer dos días para que yo, una
invitada que sólo viene a darle un mensaje católico de paz y amor, pueda comer
una pieza de pollo y me trata como si fuera una diosa? ¿Y por qué al contrario,
en la “civilización”, la gente se esconde para no invitarte un pan, y si lo
hacen es porque tienes los “conectes” para que ellos puedan subir un peldaño en
la escala económica?
¿Por qué ya
no puedes sonreír sin que la gente crea que quieres algo con ella? ¿Por qué el
mundo te obliga a volverte violento, a estar a la defensiva, a poner barreras
alrededor para que no salgas herido? ¿Por qué ya nadie tiene la fortaleza para
arriesgarse a cambiar lo establecido?
Hoy me doy
cuenta que soy muy afortunada por no pensar como ellos, pero también me duele
ver que el mundo se hunde cada vez más en la miseria y el olvido, que la gente
ha perdido la esencia del humano, y que poco a poco la fe se diluye en un mar
de palabras que no tienen fondo, que no tienen fuerza, que son sólo letras
juntas que no trascienden… no sé si a ti de duela mundo, pero hoy tú me dueles
mucho.
El dolor frente al mundo...algo trillado que a muchos les da por temporada, existen quienes vivimos con ello al menos 364 días del año...tomando en cuenta que liberarnos un día al año de todo lo que nos aflige es sano para tomar motor y pilas...existen diversos tipos de dolor, hacia los animales, hacia los nuestros (humanos), hacia las enfermedades...padecer el dolor en alguna de sus presentaciones es lo más sano que creo nos puede pasar, nos da motivos para seguir y ser mejores personas.
ReplyDeleteNo creo en Dios ni en muchas de sus palabras, respeto a quienes viven en y por ellas; pero considero que sí, existen muchas cosas que podemos hacer por los demás.