La vida cambia tan rápido que nunca alcanzamos a darnos cuenta de lo que hacemos cada minuto. Le tomamos tan poca importancia al tiempo, porque es tanto y tan vasto…
Recuerdo aquellos momentos en los que la decisión más importante en tu vida era si comprabas papas saladas o un gansito. O la misión más imposible era la de convencer a los papás que querías una pizza en lugar de la sopa de verduras.
Recuerdo cuando no importaba el qué dirán y uno preguntaba todo, con ansias de conocer la verdad… recuerdo cuando la verdad era utilizada sin cinismo ni vergüenza, sino sólo para decir lo que uno pensaba.
También recuerdo el momento de vida o muerte, cuando llegabas a una fiesta y tenías que llamar la atención del chico que te gustaba. O cuando la peor tragedia era que aquel tuviera interés en alguien más.
¿En qué momento las decisiones se volvieron parte fundamental para vivir y hacerlo bien? ¿Cuándo cambiamos las risas y las locuras por las inquietudes monetarias? ¿En qué momento se volvió esencial buscar a la persona con quien pasar el resto de la vida? ¿Cuándo dejamos las locuras sin sentido que nos hacían reír y adquirimos las preocupaciones sobre lo que la sociedad globalizada considera como éxito personal en los diferentes ámbitos de la vida?
¿Por qué madurar sigue siendo tan difícil, por qué la madurez nos aleja de esa inocencia de niños y nos amaña para poder subsistir de los peligros sociales? ¿Por qué duele crecer, aprender sobre la vida adulta, por qué es tan difícil que nos quedamos en el camino? ¿Por qué las preocupaciones aumentan en lugar de disminuir?
Bob Marley canta: “Don’t worry, ‘cause every little thing is gonna be alright? Pero realmente es tan difícil comprender el andar del humano adulto que, y lo veo conforme pasa el tiempo, nuestros gestos cambian hasta hacerse más y más duros, nuestro cabello pierde su color y nuestra piel la elasticidad…
Recuerdo con gran cariño mi mejor época, cuando conocí a las verdaderas amigas con quien sigo compartiendo, las locuras que hacíamos, cómo sólo nos importaba ligar, o reír, o hacer cosas locas inmediatas. Quisiera regresar, volver a vivirlo… y disfrutarlo aún más, por los momentos que dejé pasar.
A Pallola
(Pao, te recuerdo como aquella loquita que me hacía reír tanto, con la que me encantaba salir, y ahora te veo, como una estrellita que se encuentra brillando al lado de la Estrella más brillante y que siempre me cuida.)