La pluma no desea escribir mis sentimientos, no desea que nadie se entere de los hechos. Tal vez ella conoce la verdad, tal vez ella vio la realidad. Ella sabe distinguir entre lo bueno y lo vil a diferencia de mi que confio con los ojos cerrados en la calidez humana.
Ahora no sé qué pensar: guerras, revoluciones, discusiones, descontentos, malestares, nuestro mundo va de nuevo a su destrucción y lo peor, nuestra indiferencia ante la catástrofe, nuestra necedad de no hablar, de no comentar, de no reaccionar, de no enfrentar creyendo que si no luchamos todo seguirá como si nunca hubiera sucedio, tan bien como nosotros deseamos.
¿Dónde quedaron los días donde luchábamos contra todos por conseguir nuestros sueños? ¿Dónde están nuestras ganas de cambiar al mundo? ¿Dónde quedó ese sentimiento de justicia y libertad? ¿Dónde quedó el pensar por el otro? ¿Dónde quedó la humanidad, la juventud, esas grandes mentes? ¿Dönde estamos?
Mi mente se confunde, desconozco la razón, las drogas no me ayudan, la música se apagó. Todo lo que veo es violencia en la televisión y sigo aquí, atormentada por la soledad en estas cuatro paredes que me vieron asesinar, cuatro muros manchados de dolor y frustración, detenida en esta habitación que atrapa mi mente y mi corazón en este mundo, sin poder saludar ni a Lucifer ni a Dios.
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