Saturday, 12 February 2011

Me, immortal

Hola hombre que muere, ¿qué se siente estar en el lecho de tu muerte? A punto de dejar de existir, a punto de desaparecer, de irte de este mundo sin nada por lo que luchaste, sin nada por lo que pagaste, sólo desaparecer y convertirte en polvo y huesos.
¿Qué sientes cuando estas a punto de terminar esta vida, mientras yo sigo aquí de pie, hermosa y elegante como siempre, sin temor a verme como tú?
Eso y más te mereces moribundo, al intentar entrar a mi mundo. Al pensar, por un solo momento, que podías ser como yo, hacer lo que yo, jugar como yo. Para hacerlo se necesita estilo, un estilo peculiar que se refina con el paso de los años. Se necesita saber mentir, no como el mentiroso que eras tú sino un gran actor en el circo de la vida; un gran actor que pueda, incluso, olvidarse de quien realmente es para vivir una nueva experiencia… hasta que como siempre el hambre y la sed de venganza natural termine con la aventura.
Creíste que podías ser alguien conmigo, pero nunca te diste cuenta de tu juego cruzado, jamás comprendiste que el egoísmo humano no concuerda con mi filosofía. Nunca pudiste ser capaz de comprenderlo.
Pensaste que te volvería en alguien como yo, que mejoraría tu raza, que te haría pasar momentos increíbles por la eternidad… pura equivocación; disculpa, nunca estuviste preparado.
Ahora sangras, tendido en esta mesa, como una carnada preparada para los lobos. Pierdes poco a poco la vida que te llenaba hace unos instantes, y mientras te miro con arrogancia aristocrática, tú, intentas débilmente aferrarte a lo que tienes…
Sabes, no me arrepiento de haberlo hecho. Fue mi juego más grande, engañarte y prometerte todo lo que soy, todo lo que tengo, y justo antes de convertirte, ignorar nuestra promesa interrumpida y renunciar a la inmortalidad contigo.
Pobre mortal, tan fuerte y tan débil a la vez… ¿a qué sabe la traición, hombre que muere?

No comments:

Post a Comment