Tuesday, 15 February 2011

La maldición

Pequeñas gotas de agua salada ruedan por mis mejillas… ¿Acaso llueve agua del mar? No, son lágrimas que provocaste. No son de alegría, no son de tristeza, no son de dolor, son de rabia y de impotencia por no poder hacer otra cosa, más que seguir con este yugo que me atormenta.

A veces quisiera largarme y olvidarme de todo, sin embargo sigo atada a esta piedra que no me deja ver más que las sombras reflejadas. Pedí la libertad y sólo obtuve la cadena de la esclavitud que traías desde siempre, lista para colgármela alrededor del cuello.

Revolución… no, eso no sirve contigo porque hoy te alejas y mañana regresas como si nada hubiera pasado; como si tú fueras la víctima de la situación, como si fueras un Dios incomprendido, como si todo lo hicieras bien. ¿Acaso no comprendes que eres el mismísimo fascista enajenado que pensó que la perfección estaba en la división de clases? ¿No puedes entender que eres el sustraendo de esta resta?

Sí, éstas son lágrimas, las mismas que representan el odio y la rabia de un pueblo oprimido, carente de voz, carente de pensamiento, carente de acción; un pueblo que solamente se hinca a esperar a que decidas el camino de todos aquí.

¡BASTA! ¡BASTA! ¡BASTA! El único futuro que te mereces es la maldita y cruel muerte más lenta, la que nunca llega, la que se lleva a todos excepto a ti, lo que tú necesitas es la inmortalidad. Sí, la maldición más atroz que Dios mandó a los seres más viles de este mundo para que disfrutaran del placer eterno, viendo como sus seres amados morían y morían y las décadas pasaban sin detenerse.

De esta forma verás morir a quieres dices que quieres, verás morir a las nuevas generaciones, verás los grandes cambios de la sociedad, los avances de la tecnología, las revoluciones del pensamiento y tú seguirás siendo el mismo retrógrada que vivió en los cincuentas, que no sabe utilizar una computadora, que no comprende de bits, que no entiende las revoluciones culturales. Seguirás siendo el simio ignorante que sólo lee de la historia que sucedió antes de tu nacimiento. El mismo idiota que aleja a la gente y se siente agobiado por ello.

Sí, yo te maldigo y, de igual forma, con esta acción, termino mi maldición. Espero nunca verte en el infierno.

Saturday, 12 February 2011

Me, immortal

Hola hombre que muere, ¿qué se siente estar en el lecho de tu muerte? A punto de dejar de existir, a punto de desaparecer, de irte de este mundo sin nada por lo que luchaste, sin nada por lo que pagaste, sólo desaparecer y convertirte en polvo y huesos.
¿Qué sientes cuando estas a punto de terminar esta vida, mientras yo sigo aquí de pie, hermosa y elegante como siempre, sin temor a verme como tú?
Eso y más te mereces moribundo, al intentar entrar a mi mundo. Al pensar, por un solo momento, que podías ser como yo, hacer lo que yo, jugar como yo. Para hacerlo se necesita estilo, un estilo peculiar que se refina con el paso de los años. Se necesita saber mentir, no como el mentiroso que eras tú sino un gran actor en el circo de la vida; un gran actor que pueda, incluso, olvidarse de quien realmente es para vivir una nueva experiencia… hasta que como siempre el hambre y la sed de venganza natural termine con la aventura.
Creíste que podías ser alguien conmigo, pero nunca te diste cuenta de tu juego cruzado, jamás comprendiste que el egoísmo humano no concuerda con mi filosofía. Nunca pudiste ser capaz de comprenderlo.
Pensaste que te volvería en alguien como yo, que mejoraría tu raza, que te haría pasar momentos increíbles por la eternidad… pura equivocación; disculpa, nunca estuviste preparado.
Ahora sangras, tendido en esta mesa, como una carnada preparada para los lobos. Pierdes poco a poco la vida que te llenaba hace unos instantes, y mientras te miro con arrogancia aristocrática, tú, intentas débilmente aferrarte a lo que tienes…
Sabes, no me arrepiento de haberlo hecho. Fue mi juego más grande, engañarte y prometerte todo lo que soy, todo lo que tengo, y justo antes de convertirte, ignorar nuestra promesa interrumpida y renunciar a la inmortalidad contigo.
Pobre mortal, tan fuerte y tan débil a la vez… ¿a qué sabe la traición, hombre que muere?