Pequeñas gotas de agua salada ruedan por mis mejillas… ¿Acaso llueve agua del mar? No, son lágrimas que provocaste. No son de alegría, no son de tristeza, no son de dolor, son de rabia y de impotencia por no poder hacer otra cosa, más que seguir con este yugo que me atormenta.
A veces quisiera largarme y olvidarme de todo, sin embargo sigo atada a esta piedra que no me deja ver más que las sombras reflejadas. Pedí la libertad y sólo obtuve la cadena de la esclavitud que traías desde siempre, lista para colgármela alrededor del cuello.
Revolución… no, eso no sirve contigo porque hoy te alejas y mañana regresas como si nada hubiera pasado; como si tú fueras la víctima de la situación, como si fueras un Dios incomprendido, como si todo lo hicieras bien. ¿Acaso no comprendes que eres el mismísimo fascista enajenado que pensó que la perfección estaba en la división de clases? ¿No puedes entender que eres el sustraendo de esta resta?
Sí, éstas son lágrimas, las mismas que representan el odio y la rabia de un pueblo oprimido, carente de voz, carente de pensamiento, carente de acción; un pueblo que solamente se hinca a esperar a que decidas el camino de todos aquí.
¡BASTA! ¡BASTA! ¡BASTA! El único futuro que te mereces es la maldita y cruel muerte más lenta, la que nunca llega, la que se lleva a todos excepto a ti, lo que tú necesitas es la inmortalidad. Sí, la maldición más atroz que Dios mandó a los seres más viles de este mundo para que disfrutaran del placer eterno, viendo como sus seres amados morían y morían y las décadas pasaban sin detenerse.
De esta forma verás morir a quieres dices que quieres, verás morir a las nuevas generaciones, verás los grandes cambios de la sociedad, los avances de la tecnología, las revoluciones del pensamiento y tú seguirás siendo el mismo retrógrada que vivió en los cincuentas, que no sabe utilizar una computadora, que no comprende de bits, que no entiende las revoluciones culturales. Seguirás siendo el simio ignorante que sólo lee de la historia que sucedió antes de tu nacimiento. El mismo idiota que aleja a la gente y se siente agobiado por ello.
Sí, yo te maldigo y, de igual forma, con esta acción, termino mi maldición. Espero nunca verte en el infierno.